El sistema Capitalista se fundamenta en empresas; con el único objetivo de maximizar los beneficios de las mismas para sus accionistas.

Sin embargo, las empresas sociales tienen como objetivos obtener beneficios para las personas que entran en contacto con su actividad, las mismas deben generar utilidades, pero los inversores que la apoyan no obtienen a corto plazo ningún beneficio material, sino que recuperan con el tiempo su inversión inicial.

Las empresas sociales no ofrecen caridad, son empresas en todos los sentidos y deben recuperar sus costos y gastos, al tiempo que obtienen beneficios de sus operaciones, para devolverles el dinero a sus inversores y para fomentar proyectos sociales a largo plazo en beneficio de las personas pobres o a la sociedad en general.

El cooperativismo surge como un intento más humano en el que trabajadores y consumidores unen sus fuerzas para gestionar una empresa solidaria en beneficio de todos.

El cooperativismo apareció en respuesta a la explotación de los pobres por parte de los empresarios avariciosos, por tanto, el cooperativismo debe estar orientado a ayudar a los pobres o a generar cualquier otro beneficio social. Sin embargo si cae en manos codiciosas, las cooperativas pueden llegar a convertirse en sistemas que controlan la economía en beneficio de una persona o de un grupo, en lugar de ayudar a la sociedad en general. Cuando una cooperativa pierde de vista sus objetivos sociales originales, pasa a convertirse, en la práctica, en una empresa más del sistema capitalista.

Los excedentes obtenidos, vale decir la diferencia entre el precio de costo y el precio de venta, se distribuyen en proporción a las operaciones efectuadas y no en proporción al capital invertido. A mayor gasto, mayor ahorro, esto quiere decir que los servicios de las cooperativas se deben fundamentar en ofrecerlos a sus miembros al menor precio posible y así obtener el mayor ahorro en el uso de los mismos.

El cooperativismo es una herramienta que permite a las comunidades y grupos humanos participar para lograr el bien común. La participación se da por el trabajo diario y continuo, con la colaboración y la solidaridad.

 

La principal característica de una empresa de economía social -cooperativas, mutualidades, asociaciones, sociedades laborales…- no es el tipo de actividad al que se dedican sino las técnicas de actuación que utilizan; es decir, a diferencia de las empresas capitalistas, estas sociedades se basan en los principios de solidaridad, autonomía y participación democrática, donde las relaciones entre los socios se fundan en criterios de igualdad y solidaridad frente a los objetivos económicos y de aumento de beneficio que priman en las sociedades capitalistas. Aquí, los trabajadores se convierten en empresarios y su principal aportación es, precisamente, su propio trabajo.